domingo, 18 de julio de 2010

CUATRO FICCIONES PARA LILIANA HEKER

Definiendo como “un acto heroico” a la presencia del público en una de las noches más frías del año, la escritora Liliana Heker estuvo el jueves pasado en el Centro Cultural Islas Malvinas, dentro del ciclo organizado por la Editorial Mil Botellas. Al cabo de una hora y media, la novelista y cuentista se mostró dispuesta a hablar de literatura, tanto de su obra como de sus inicios, en esos intensos años sesenta. Abriendo sus manos pequeñas desde el pecho, una y otra vez, Heker reconoció que si bien estudió Física, desde los 16 años se asumió como escritora: “Supe que la ciencia no me expresaba y la literatura sí”. Buscando una revista de literatura que no sea “reaccionaria y aburrida”, y luego de enviar una carta y un poema, pasó a formar parte de El grillo de papel, publicada entre 1959 y fines de 1960, de la cual llegaría a ser subdirectora.
Y recordó lo que le dijo Abelardo Castillo: “el poema es muy malo, pero en la carta se nota que sos escritora”. En 1961, fundaría junto a Castillo la mítica El escarabajo de oro. Por esta revista pasaron la mayoría de los escritores de la generación del 60. “Todos escribían con mucho rigor y no es exagerado decir que toda una generación de cuentistas publicó allí”, afirmó Heker, quien además destacó que “nunca hubo dos números seguidos con el mismo staff”, dando cuenta de la cantidad única de autores. El escarabajo de oro debió interrumpir sus publicaciones en 1974 a causa de la inflación, consecuencia de la política económica conocida como el Rodrigazo. De esos años, Heker, recordó los rebusques que hacían para vender la revista y los ruegos a los vendedores de los kioscos para cobrar. A fines de 1977, cuando junto a Silvia Iparraguirre y Abelardo Castillo, crearon El Ornitorrinco, una nueva publicación literaria que duró hasta 1986. Una revista también hecha a pulmón aunque en otro contexto, en plena dictadura militar. Ya no se juntaban en cafés, sino en casas y no había contacto con los lectores. Fue en 1978, que Heker comenzó a dictar talleres, actividad que aún ejerce: “el ámbito de los talleres literarios era un espacio de libertad donde se podía leer lo que quisiera”. En su primer grupo participó la escritora de literatura infantil Silvia Schujer y de los últimos que coordinó surgieron nombres de la narrativa actual como Samantha Schweblin, Guillermo Martínez y Pablo Ramos. Consultada sobre su modo de escribir, la autora dijo que “la búsqueda del texto lleva mucho trabajo. A veces uno encuentra algo como si le cantara en la oreja, pero eso es infrecuente”. Calificando a “mercado” como una palabra nefasta y a “best seller” como palabra aterradora, afirmó que “comparado con la tendencia actual escribo poco” y sentenció: “el libro debe abrirse paso de a poco y su mejor destino es permanecer”. El ciclo Cuatro Ficciones se reanudará el jueves 5 de agosto con un mes dedicado a documentales sobre poetas y escritores.


Mauro Basiuk
Foto: Delfina Magnoni
Nota publicada en el diario Diagonales el domingo 18 de julio de 2010.

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